domingo, 21 de noviembre de 2010

El movimiento Slow




Cada día, son más las personas de nuestro entorno personal y laboral, que sufren estrés y ansiedad. Una parte; vendrá por problemas, que siempre se tienen en la vida, como la crisis económica, por la mujer, por los hijos, .... Pero la mayor parte viene de la espiral de velocidad en la que, desde hace tiempo, hemos puesto nuestra vida.

Nos levantamos cansados; porque hemos dormido algo menos de lo justo, y desde ese momento ya llegamos tarde a nuestras obligaciones. Pasamos como una exhalación por el cuarto de baño, y se nos hace todavía más tarde, por momentos. Tomamos cualquier cosa y, mientras la comemos, vamos a buscar el coche; y salimos zumbando, confiando no encontrar ningún atasco.

A pesar de todo, sabemos que cuando lleguemos a nuestro trabajo ya estaremos de los nervios , antes de empezar la jornada.

En nuestro diario quehacer tenemos que ser los más rápidos. Tenemos que invertir menos tiempo, en todas las cosas que hagamos, para, así, ser más competitivos y, por tanto, más rentables para la empresa, tanto si es nuestra; como si no.

Leemos nuestros correos y circulares saltándonos párrafos para ir más rápidos.

Por otro lado; sobretodo si trabajamos para una gran empresa, cada vez los objetivos son más altos, por lo que necesitamos dedicar más tiempo, o ir más rápidos.

Entonces hacemos nuestro quinto curso de optimización y gestión del tiempo.

Pero aún así esta espiral parece no tener fin.

¡¡Que agobio!!

Nuestra mente no deja de pensar buscando una solución. Que evidentemente no encuentra.

Y, ¿ entonces qué?

La gran pregunta es: ¿dónde está el límite?

Pero no queda ahí la cosa: porque las mujeres que son fuente de vida, y el alma de los hogares ,y de las familias: son las que llevan la peor parte. Son las que soportan todo esto y, además tienen las obligaciones de los hijos, y de la casa; y aunque reciban ayuda, si tienen una pareja comprensiva, son las que llevan el mayor peso de esta segunda, y en algunos casos, tercera obligación.

Así están ellas.

De los nervios.

A todo esto; demos gracias, porque ellas son más inteligentes y más organizadas que los hombres.

Ante está desoladora situación ha surgido el movimiento slow:"Su intención es iluminar la posibilidad de llevar una vida más plena y desacelerada, haciendo que cada individuo pueda controlar y adueñarse de su propio periplo vital".

En definitiva, se trata de controlar nuestra vida para vivirla, y dedicarla a aquellas personas que amamos.

A parte de este enlace que he puesto más arriba; si a alguien le queda algo de tiempo le recomiendo el libro que estoy leyendo; y que me esta encantando:

Título: Elogio de la lentitud
Autor: Carl Honoré
Editorial: RBA

En la portada de mi libro se puede leer el siguiente comentario:
"De como una vida sin prisas nos ayuda a ser más felices." El Periódico.



3 comentarios:

Vicent Ibañez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Vicent Ibañez dijo...

Lo que reflejas en tu entrada lo veo yo ahora, tal como dices. El fomento de esas actitudes, no vienen solo del trabajador o la persona de a pie. Los pensadores y gurus de las ganancias, durante tiempo han dedicado a cursos de marketing aplicado a la gestión del tiempo.
Esto ha sido solamente un tiempo, una epidemia.
No han realizado cursos para empresarios, para que aprendieran a vivir, con menos gasto y ostentación, descapitalizando empresas, capitalizando sus cuentas, y en algun caso ni una cosa ni la otra. Tanto ganado, tanto gastado.
Difícil de volver atrás, al final de la actuación, hay un espejismo que se llama riqueza.

amanecer dijo...

Como siempre, estoy de acuerdo contigo, casi al cien por cien.
Casi siempre son los empresarios quienes pagan estos cursos de gestión del tiempo. (A veces con dinero de subvenciones públicas) . Si trabajamos más rápido, ellos ganan más dinero. Por tanto; les interesa.
Ahora bien; nuestra vida la dirigimos nosotros, y aunque no podamos ganar la guerra, de momento, si podemos ganar alguna batalla.
Difícil volver atrás. Estoy de acuerdo contigo. Pero no imposible.
Somos personas y debemos querernos a nosotros mismos por encima de todo.